Las aficiones del Madrid y del United pueden pensar que al final será el dinero, y no los colores, los que condicionen a Ronaldo
por Luis Francisco Castillo Rodríguez

Algunos ya estamos hasta las narices de esta pantomima. Fíchenlo o pasen de su jeta, pero no nos metan a este chico hasta en la cama, que la parienta está ya mosqueada. De un lado, el mismísimo Real Madrid. Del otro, el Manchester United. En medio, un simple jugador de fútbol: Cristiano Ronaldo. Hay una guerra abierta entre ambos clubes; Madrid y United le piden que defina de una puñetera vez su futuro, pero al jugador luso parece divertirle el asunto, y tal vez por eso no deja de postergar su decisión final.
Lo cierto es que parece que a este Ronaldo le va la marcha, las fotos, el protagonismo, la Salsa Rosa. Como al resto de Ronaldos. Será genético. Este hecho se hace asimismo patente sobre el césped, donde el jugador tiende a abusar en exceso del individualismo y el adorno, aunque éste no tenga un fin práctico. Entretanto, el Madrid pierde el tiempo y posterga una serie de fichajes que, quizá por lo eterno de la espera, no lleguen finalmente a buen puerto.
Tal vez, Cristiano no sabe a quién quiere más, si a papá o a mamá -cuando digo mamá, por supuesto, me refiero al Madrid. Pero esta postura genera un problema difícil de dirimir. El tiempo corre en contra del jugador, ya que ambas aficiones, la blanca y la roja, pueden llegar a pensar que al final será el dinero, y no los colores, los que desequilibrarán la balanza hacia uno u otro club.
Mal asunto. El fútbol es espectáculo, y como tal, va más allá del terreno de juego, invadiendo el terreno personal. Y un señor que juega dos barajas distintas, con dinero de por medio, lleva las de perder. Los colores sí que importan. Porque Ronaldo, aunque de nombre Cristiano, es ateo de colores.


División. Con el 23 a la espalda, “Pancho” Maciel, el lateral derecho, encabezaba al grupo de jugadores que pretendía conseguir aquellos tres puntos cuando todavía, aquel año, los granas estaban vivos en la categoría. Pero les quedaba poco.
El Murcia pasaba por encima del Zaragoza en un partido vibrante, bajo la lluvia veraniega, al grito colectivo de “vamos Real Murcia, vamos campeón”. Pero estamos malditos. En septiembre se lesionaba Curro Torres, otra vez de la rodilla. Nuevamente el lateral derecho se quedaba cojo, pero esta vez iba a ser por partida doble. Pignol caía también. Tras un partido con Mejía en la banda, Lucas Alcaraz movió ficha y contrató a De Coz, que debutaba frente al Madrid de Robinho, cuajando un buen encuentro. Parecía que la maldición se estaba superando. Ni mucho menos.

. Miguel Induráin es el español que más veces ha vestido la maglia, en 28 ocasiones entre 1992 y 1993, años de en los que Miguelón venció en la general del Giro.
o un minuto, Vinicius lanzó un fuerte pase que fue desviado por el local Cuco a su propia portería, convirtiéndose en involuntario autor del gol que dejaba a su equipo fuera del play-off.